EDUCOMUNICACIÓN: Breve ensayo sobre la educación

En este breve ensayo trataré de ocuparme de la educación. Pero la referencia es tan extensa que corro el riesgo de ser demasiado genérico o demasiado oscuro. Trataré de explicar, entonces, el significado de la palabra “educación”.

La R.A.E. nos dice:

 educación.

(Del lat. educatĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de educar.

2. f. Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.

3. f. Instrucción por medio de la acción docente.

4. f. Cortesía, urbanidad.

En una primera aproximación, nos aparece la educación como una acción y un efecto de algo, claro, de educar, verbo transitivo sobre el que la R.A.E. nos dice:

educar.

(Del lat. educāre).

1. tr. Dirigir, encaminar, doctrinar.

2. tr. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Educar la inteligencia, la voluntad.

3. tr. Desarrollar las fuerzas físicas por medio del ejercicio, haciéndolas más aptas para su fin.

4. tr. Perfeccionar, afinar los sentidos. Educar el gusto.

5. tr. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.

Tenemos así que la educación será tanto la acción como el efecto de dirigir, encaminar, doctrinar.

Acción y efecto apuntan a dos polos, el que actúa sobre, y el que sufre tal acción. Siendo así, el dirigir, encaminar o doctrinar puede ser visto como la acción de ese primer polo que le es impuesta al segundo. Así, el educando simplemente sería un sujeto pasivo que obedece, voluntariamente u obligado, al educador. Y esto llevaría a un (siempre supuesto) perfeccionamiento o desarrollo de las facultades del niño que ha seguido tales preceptos.

Aunque también puede que la balanza se incline del lado del educando. En una acepción que casi parece residual, aparece el educar como perfeccionar y afinar los sentidos. ¿No es esto algo claramente activo? Para educar el gusto hay que probar los platos, los sabores, investigar. Quizás esta educación en los sabores sea la que nos lleve a la educación en los saberes, que hay quienes piensan que en realidad de lo mismo se trata: el saboreo del saber, que alimentándonos nos hace constituir un cuerpo.

Otra acepción, el desarrollo de las fuerzas físicas haciéndolas más aptas para su fin, nos da otra de las claves: su fin. ¿Cuál es el fin de las fuerzas físicas desarrolladas por la educación? Y si no nos quedamos sólo ahí, ¿cuál es el fin de las facultades intelectuales y morales desarrolladas mediante la educación?

Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía abre una puerta para contestar a la pregunta sobre el fin: la puerta de “lo social“.

Pero volvamos ahora a nuestra primera definición, en su segunda acepción, donde teníamos que educación es Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes. Para avanzar en esta definición, veamos que es la crianza:

crianza.

1. f. Acción y efecto de criar, especialmente las madres o nodrizas mientras dura la lactancia.

2. f. Época de la lactancia.

3. f. Proceso de elaboración de los vinos.

4. f. Urbanidad, atención, cortesía. Buena, mala crianza.

Nos situamos ahora como educandos lactantes, con el germen de nuestras posibilidades latentes, pero necesitados de la leche materna para llegar a desarrollarnos, idea maternal a la que no le han faltado adeptos en la filosofía de la educación, pero que nos deja un tanto “desabridos” ante la escasez de posibilidades en los sabores a probar (sólo leche materna).

La elaboración del vino nos hace dar un paso más: las posibles combinaciones que matizan los sabores son inmensas. Sin olvidar lo que hay detrás, antes de ese dejarse macerar y reposar en la barrica: campos, labrado, sembrado, crecimiento, recolección, y, en fin, todo lo que el cultivo puede sugerir a la cultura.

Y de nuevo nos situamos ante lo social, en esa última acepción de crianza como urbanidad.

Continuemos ahora, y ya que la crianza nos lleva al criar, con la definición de este verbo:

criar.

(Del lat. creāre).

1. tr. Dicho de una cosa o de un ser vivo: Originar, producir algo. La ropa cría polilla. U. t. c. prnl.

2. tr. Dicho de una madre o de una nodriza: Nutrir y alimentar al niño con la leche de sus pechos, o con biberón.

3. tr. Alimentar, cuidar y cebar aves u otros animales.

4. tr. Instruir, educar y dirigir.

5. tr. Elegir a alguien para una elevada dignidad.

6. tr. Establecer por vez primera o fundar algo.

7. tr. Dicho de un animal: Producir, cuidar y alimentar a sus hijos.

8. tr. Someter un vino, después de la fermentación tumultuosa, a ciertas operaciones y cuidados.

9. tr. Formar un expediente o un negocio, entender en él desde sus principios.

10. tr. Dar ocasión y motivo para algo.

11. tr. Rel. Producir algo de nada, dar ser a lo que antes no lo tenía, lo cual solo es propio de Dios.

 

Vemos ahora  que la crianza, y por tanto la educación, tiene que ver con originar y producir algo. No tan interesados ahora en las polillas por las que se decanta la R.A.E., nuestro producir, siendo un humano el educador y el educando, será algo específicamente humano.

Y pasando por la quinta acepción, encontramos al educando como el elegido para tal elevada dignidad. Eso sí, hay que darle ocasión y motivo.

Continuando con esta sustanciosa acepción, la educación como Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes, buscamos la definición de enseñanza:

enseñanza.

1. f. Acción y efecto de enseñar.

2. f. Sistema y método de dar instrucción.

3. f. Ejemplo, acción o suceso que sirve de experiencia, enseñando o advirtiendo cómo se debe obrar en casos análogos.

4. f. pl. Conjunto de conocimientos, principios, ideas, etc., que se enseñan a alguien.

Acción y efecto de nuevo. Parte activa y parte pasiva.

Pero avancemos ahora con la segunda acepción, quedándonos de momento con el sistema y el método necesarios en la enseñanza, en espera de descubrir más sobre qué sea la instrucción.

Sistema y método que hunden sus raíces en la experiencia, pues de ella aprendemos cómo se debe obrar, por analogía, viendo qué ha sucedido en el pasado para proyectarnos al futuro. Aunque el problema pueda venir de casos en los que nos cueste encontrar tal analogía. Abra que dejar entonces una puerta abierta a la improvisación.

Y el sistema y el método, llevados a la cuarta acepción, nos harán transmitir de una forma más fácil el conjunto de conocimientos que se quieren enseñar. Ya que este conjunto de ideas y conocimientos puede ser vastísimo, y cada vez lo es más en la sociedad contemporánea, la sistematización nos proporcionará una organización racional de todo ese magma cultural del que estamos rodeados, siendo especialmente necesaria hoy en día una labor de síntesis.

Y viendo que aparecía de nuevo la acción y el efecto, ahora ligados al verbo del cual fue sustantivada la enseñanza, veamos qué es enseñar:

enseñar.

(Del lat. vulg. insignāre, señalar).

1. tr. Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.

2. tr. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.

3. tr. Indicar, dar señas de algo.

4. tr. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado.

5. tr. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

6. prnl. Acostumbrarse, habituarse a algo.

Quedándonos ahora con la acepción latina del verbo, como señalar, vemos que la educación será un indicar, dar señas, mostrar, hacer ver. ¿Acaso no es esto toda filosofía?

Sin querer entrar ahora en asuntos ontológicos sobre el sentido del Ser, lo que nos interesa es ese dar señas, que hace ver, y que pone en relación directa e interactiva a un educador que, sabiendo la doctrina, señala e indica para que sea el educando con sus propios ojos mire y descubra.

Y aunque no sea docto en la materia, aunque no sepa la doctrina, aunque el educador no pueda encontrar analogías para ese mostrar, podrá dejar aparecer, dejar ver involuntariamente, abriendo una alternativa al sistematismo y la metodología cerrados, al exceso de programa, puerta abierta a la espontaneidad, a la vieja espiritualidad socrática, a la improvisación. (quizás sea este el soplo de aire fresco que necesitan nuestras escuelas, visto la gran bocanada de aire que supuso para el mundo de la música el desarrollo en el siglo XX de toda una escuela de “improvisación”)

Y para cerrar ya esta acepción de educación, Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes, que tanto nos ha hecho descubrir en nuestra investigación, analicemos la relación entre educación y doctrina:

doctrina.

(Del lat. doctrīna).

1. f. Enseñanza que se da para instrucción de alguien.

2. f. Ciencia o sabiduría.

3. f. Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Doctrina cristiana, tomista, socialista.

4. f. Plática que se hace al pueblo, explicándole la doctrina cristiana.

5. f. Concurso de gente que con los predicadores salía en procesión por las calles hasta el lugar en que se había de hacer la plática. Por esta calle pasa la doctrina.

Llegados a este punto voy a pasar a las definiciones que da la R.A.E. de instrucción e instruir, pues ya hemos dejado pasar por alto tales definiciones por demasiado tiempo, vista su relación con la mayor parte de los conceptos hasta ahora expuestos (véase educación, criar, enseñanza, doctrina), y la relación entre doctrina e instrucción nos lleva a realizar un análisis conjunto.

instrucción.

(Del lat. instructĭo, -ōnis).

1. f. Acción de instruir.

2. f. Caudal de conocimientos adquiridos.

3. f. Curso que sigue un proceso o expediente que se está formando o instruyendo.

4. f. Conjunto de reglas o advertencias para algún fin. U. m. en pl.

 

 instruir.

(Del lat. instruĕre).

1. tr. Enseñar, doctrinar.

2. tr. Comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas.

3. tr. Dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta. U. t. c. prnl.

 

 Doctrina, instrucción, instruir nos remite de nuevo a esa definición de enseñanza en la cual destacábamos la necesidad de sistema, método y labor de síntesis de todo aquello que la experiencia nos había hecho acumular, de la ciencia, de la sabiduría, de las opiniones, del caudal de conocimientos adquiridos, para la transmisión del cual volvemos a ver la importancia de un conjunto de reglas o advertencias, la importancia de la sistematización.

Ahora vemos, en la definición de instrucción, cómo ese conjunto de reglas o advertencias tiene un fin, como la educación lo tenía. Y si la instrucción es también parte de la educación, no sería de extrañar que el fin fuese el mismo.

Más arriba apuntábamos a lo social como fin de la educación, apoyándonos en las acepciones de educación, educar y crianza como urbanidad y cortesía. Veamos ahora que nos dice el diccionario sobre ellas:

  cortesía.

(De cortés).

1. f. Demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

2. f. En las cartas, expresiones de obsequio y urbanidad que se ponen antes de la firma.

3. f. cortesanía

4. f. regalo. (‖ dádiva).

5. f. En el giro, días que se concedían a quien había de pagar una letra, después del vencimiento.

6. f. Gracia o merced.

8. f. Impr. Hoja, página o parte de ella que se deja en blanco en algunos impresos, entre dos capítulos o al principio de ellos.

 

 urbanidad.

(Del lat. urbanĭtas, -ātis).

1. f. Cortesanía, comedimiento, atención y buen modo.

 

 Atención, respeto, afecto, comedimiento, siempre teniendo presente a la otra persona. El carácter social de la educación se nos muestra claramente. Todo lo dicho anteriormente ha de estar encauzado a un fin: la otra persona. Este es el regalo que hacemos a la sociedad, y el regalo que recibimos. Por la gracia del hombre y de la humanidad.

Repasemos lo hasta ahora dicho para crear nuestra idea de educación.

 Veíamos primero la educación como una acción y un efecto, acción y efecto de educar. Y en educar descubríamos el papel activo del educando, apoyándonos en ese perfeccionamiento y afinamiento de los sentidos, como el del gusto, pero que fácilmente se puede extrapolar al perfeccionamiento moral o intelectual, para el cual, pues, sería tan importante el papel activo del alumno.

También descubríamos aquí cómo las fuerzas del educando habrían de ser desarrolladas para hacerlas más aptas para su fin, y como este fin apuntaba a lo social. Y aquí también, las fuerzas físicas de las que habla la definición podrían ser intercambiadas por otras fuerzas, como las morales, intelectuales, artísticas…

Más adelante, la definición de crianza, en un sentido que quizás no pudiera parecer demasiado relacionado con la educación, el de la crianza de vinos, nos hacía ver la importancia de la actividad en el cultivo, del trabajo necesario para elaborar un buen vino, que no anda lejos de la actividad y el trabajo de tanto educador como educando en la producción de la cultura.

Y llendo un paso más adelante, en la definición de criar, veíamos que ese originar y producir habría de ser algo específicamente humano, lo cual no es otra cosa que, de nuevo, la producción cultural. Esto llevaría a quienes trabajan en ello a una elevada dignidad, para lo cual habría que dar a los participantes en la tarea tanto ocasión como motivo.

En la definición de enseñanza nos introducíamos en el mundo del sistema y del método necesarios para sintetizar la acumulación de experiencias, y que estas puedan ser transmitidas a nuevas generaciones, tesoro del cual no pueden prescindir.

La definición de enseñar nos mostraba lo importante que es, para esta transmisión, que los propios ojos del educando sean los que descubran el tesoro, para lo cual el educador habría de indicar y dar señas.

Y también descubríamos que ese hacer ver pudiera ser lago involuntario, un dejar aparecer que no estuviese marcado por las reglas de un método, abriendo la puerta a un cierto espíritu socrático, a la espontaneidad, a esa improvisación que pudiera ser el aire fresco que, atravesando esa puerta, crease la corriente necesaria para renovar los estancados aires de las aulas de la escuela.

Con la doctrina, la instrucción y el instruir volvíamos a ver la importancia de las reglas o advertencias del que ha atesorado experiencia, que bien pudiera ser el valor de un NO cuando el educando acerca su mano, ingenuo, al fuego; y de nuevo, la necesidad de la sistematización y la simplificación en la transmisión de ese caudal de conocimientos adquiridos, necesaria para no ahogarnos en el inmenso mar de conocimientos que, ahora más que nunca, nos rodea.

Y descubríamos también cómo todo ello debería ir encaminado a un fin, el de lo social que se desprendía de los conceptos de urbanidad y cortesía.

Este es mi ideal de educación.

Otro tema que merecería consideración, y para el cuál necesitaría otro ensayo, es el descubrir hasta qué punto la idea de educación arriba mostrada puede seguir siendo un arma eficaz para la transformación del ser humano y la sociedad en un mundo como el actual, en el que a las perniciosas ideologías, a la pérdida de la ingenuidad, a la banalización y mercantilización morales, a la cultura penetrada de nihilismo, a la tecno-cultura e individualismo degradado en narcisismo, a la fragmentación cognoscitiva y relativismo moral y al determinismo cientificista del que hablaban Giner y Bloom se ha unido una poderosísima creación de realidades emocionales que nos guían por la vida aunque conscientemente no tengamos ni idea de ello, como apuntaba Dewey.

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